jueves, 31 de agosto de 2017

Sanciones e intervención militar...; ¿guerra entre pranes por control económico en Venezuela?

Felipe Marcano.



La proyección y expansión mediática de sanciones y amenazas de intervención militar, la intensión de guerra, de la potencia bélica más perversa de la humanidad contra cualquier nación produce miedo, pavor, principalmente en sectores y actores financieros, inversionistas nacionales e internacionales, grandes o pequeños, individuales o de poderosos grupos, quienes tras la amenaza cierta, creíble desde todo punto de vista mediático propagandístico orquestado, buscaran refugio, amparo, protección o resguardo a su posesión inversión económica.

Con tales perspectivas las deudas soberanas se hacen riesgosas y tienden a bajos rendimientos y caída de valores. Los inversionistas y tenedores como precaución a falta de rendimiento tienden a vender, ¡vender barato, como gallina flaca! ¿Quién comprará deudas o posesiones de alto riesgo y bajo rendimiento? En la estructura económica neoliberal mundial son muchos y variados los grupos de poder político, militar, económico-financiero que se enriquecen con prácticas tan perversas, desleales. Promueven, financian y publicitan la anarquía, el desgobierno..., sancionan e invaden países para hacerse por vías expeditas y “baratas” del control económico financiero, bancario, de la cuestionada nación. ¡No importa quien ostente el poder político en una nación devastada!

Para 1993, durante el gobierno provisional de Ramón José Velásquez, las mafias enquistadas durante décadas en toda la institucionalidad republicana postraron al Estado ante los poderes financieros mundiales, ¡entregaron nuestras riquezas! En medio de la discordia política de esos días, por los enjuiciamientos de los expresidentes Jaime Lusinchi y Carlos Andrés Pérez, surgen en Venezuela los llamados sobres bombas señalando como hipótesis la intención política de evitar el enjuiciamiento. Acto seguido, carros bombas, la nación aterrada, veía con estupor perder su “estabilidad” política y económica de años. La hipótesis anterior deriva y concluye en una trama; acentuar la inestabilidad política, institucional, social, económica y financiera. Esta acción perseguía a corto plazo el colapso de todo el sector económico y financiero venezolano, interna y externamente los propietarios, tenedores, veían en riegos su inversión, propiedades y capital, el pánico los forzaba a la venta rápida y barata de “tan riesgosas” posesiones.

Durante las investigaciones, 1993-1996, de estos perversos planes mostraron una guerra entre mafias, clanes, hoy pranes, del sector económico financiero y la alta sociedad venezolana; Ramiro Helmeyer, De Armas, Adolfo Ramírez Torres, Ramón Guillen Dávila, Thor Halvorssen, Mendoza, López, Luis Garcia Montoya, José Bausa Izquierdo, Juan Tomas Santana, Rafael Poleo... grandes y de resonancia los apellidos con ramificaciones hacia la institucionalidad bancaria y financiera; Banco Latino, Banco de Venezuela, Banco Progreso..., Bolsa de Valores de Caracas, Fedecámaras, Comisión Nacional de Valores, Asociación Bancaria y como autores materiales elementos de cuerpos de seguridad nacionales e internacionales como Henry López Sisco... vinculados a la CIA, DEA, PBI en operaciones de narcotráfico, lavado de capitales, estafas, terrorismo, prostitución... En el plano internacional fue involucrado, desde la perversa operación, el fiscal estadounidense Robert Morgenthau, quien desde Manhattan, centro financiero mundial, monitoreaba el 90% de las operaciones en el sistema financiero y bancario venezolano. La operación quedó al descubierto y para 1997 el sistema financiero-bancario venezolano había colapsado.

Hoy, tras las publicitadas y propagandísticas sanciones y amenazas de intervención militar estadounidense desplegada por el mundo contra Venezuela, con los mismos actores financieros económicos nacionales e internacionales de entonces, asalta mi pensamiento la posibilidad de toda una campaña, sucia, perversa, mal intencionada, entre pranes nacionales e internacionales y contra tenedores de deuda e inversionistas para hacerse del poder y control económico de la nación venezolana y su deuda soberana mediante una operación similar, donde las declaraciones juegan sólo un papel disuasivo, discursivo terrorista para infundir miedo y provocar la venta a bajos precios de toda la deuda en cuestión. Los promotores intelectuales de la acción buscan comprar barato, para ellos el control político de la nación hoy no es prioridad, da igual que Nicolás se mantenga en el poder hasta las próximas elecciones. Aunque ganara estaría atado de pies y manos a los financistas y nuevos tenedores de la deuda soberana, a las directrices e imposiciones del FMI y el BM, ¡capitalismo puro, simple y más salvaje que nunca!

Si esa fuera la situación, debería PDVSA recuperar esa deuda, su deuda soberana, a bajos precios, lo igual no es trampa. En todo caso la opción militar, de quienes nos amenazan, es el último recurso. 

¡Pongamos cuidao, vista al horizonte y oído a tierra!

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